20 de abril 2020

¡Hola a todos!

Creo que ha llegado el momento de escribir acerca de JMI. Qué significa, qué implica, por qué ese nombre y por qué este proyecto.
Os voy a confesar que éste es probablemente el post que más me va a costar escribir, por toda la implicación personal que conlleva. Pero no escribir sobre ello, probablemente iría en contra de lo que entiendo como terapia y la importancia que otorgo al acercamiento entre psicólogo y paciente.

JMI surge sin grandes pretensiones empresariales, pero sí con grandes pretensiones de exponer y, sobre todo, proponer, una manera quizás no tan habitual, pero desde luego muy enriquecedora, de hacer terapia. Se trata de un proyecto personal, para lo que es imprescindible contar con un equipo que, no sólo esté profesionalmente cualificado, sino que también comparta la misma ideología y criterios terapéuticos. Y, primordialmente, la misma manera de entender al paciente.
En futuras publicaciones me adentraré más en el significado del síntoma, en la función del diagnóstico y en las reservas que tenemos en el equipo, acerca de cómo estos términos, tan ampliamente extendidos, pueden condicionar el proceso terapéutico.
Pero hoy toca hablar de JMI.

Para ello, no me queda más remedio que hablar de mí y del por qué de mi vocación. Sin adentrarme demasiado en mis experiencias vitales, solo puedo revelaros que, un día, en plena sala de espera, le dije a mi madre: “yo quiero hacer esto”. “Yo quiero ser esto. Desde ese día, en el que todavía no alcanzaba la mayoría de edad, ninguna circunstancia, ni opinión ajena, hizo que cambiara de dirección. Había descubierto la figura que quería ser para otras personas y, desde luego, la proyección de futuro que haría que me sintiera satisfecha conmigo misma. Y lo que me repetía constantemente, multiplicando mi motivación: “creo que puedo hacer las cosas de forma diferente y que sea potencialmente más eficaz”

Una vez decidido el camino, he tenido la suerte de poder estar en contacto con muchos profesionales de la salud mental, con distintas poblaciones (niños, adolescentes, adultos, ancianos) y, por supuesto, conocer infinidad de corrientes psicológicas. Y cada uno de estos contactos, no ha hecho más que reafirmar ese sentimiento inestable adolescente de “esto es lo que quiero ser”.

Siguiendo ese sentimiento, me formé en el Grado de Psicología, en la corriente cognitivo-conductual, para posteriormente, en el Máster habilitante sanitario, trabajar otro tipo de terapias, como aquellas procedentes de la Tercera Generación. Mi trabajo en el Hospital de Día con adolescentes, me permitió formarme en trastornos de personalidad, trastornos de conducta y trastornos alimentarios. También en lo que se denomina Comunidad terapéutica (allí lo llamamos “familia”) y acceder a corrientes psicoanalíticas y psicodinámicas. El trabajo con niños y adolescentes me llevó a la formación en psicopatología infanto-juvenil, así como a la imprescindible necesidad de formarme en terapia familiar sistémica, mediación familiar y coordinación parental. Paralelamente, siempre he trabajado con población adulta en intervenciones individuales, ligadas a duelos, acompañamiento psicológico, análisis personal, apoyo en situaciones de crisis, etc. Cabe mencionar, lo fundamental que es, como terapeuta, analizarse a uno mismo y llevar a cabo supervisiones de casos. Y lo profundamente enriquecedor que es trabajar en un equipo multidisciplinar.

A día de hoy, tras haberme formado y trabajado durante años, sólo puedo afirmar una cosa. Menos mal que existen tal cantidad de corrientes psicológicas; el hecho de que existiera una sola modalidad de terapia, implicaría subestimar la complejidad de la mente, de las relaciones humanas y de las grandes diferencias que existen entre las personas.

Dicho esto, y tras haberme sumergido en toda esta multitud de posibilidades de intervención, yo elegí quedarme con todas y con ninguna. Quiero decir; decidí no poner el foco en una metodología concreta, sino ponerlo en la persona, en las necesidades del paciente. Ésta es una apuesta ambiciosa, ya que implica una continua formación en diversas áreas con el fin de adecuarse a cada individuo y ser su herramienta más útil. Esto, de una manera u otra, supone que paciente y terapeuta sean los protagonistas de la película. No la corriente psicológica, no las técnicas terapéuticas, no el síntoma y tampoco el diagnóstico. Dos partes: una que quiere superar sus miedos y dificultades y poder afrontar la vida y las relaciones de forma satisfactoria; y otra, que busca acceder a esa otra parte, con el fin de aprender y reinventarse día a día para poder ser su guía en este proceso ¿En eso consisten los trabajos, no? En intentar ser la mejor opción para un cliente. Pero qué gran diferencia… En este caso, cada paciente, con su individualidad, supone un reto de crecimiento personal y aprendizaje para el terapeuta.

Creo que todo esto resume el por qué de JMI y la apuesta por el proyecto. Pero hay que estar a la altura. No podemos dejar de formarnos y evaluarnos ahora que la apuesta está hecha.

¿Y de dónde surge el logo JMI? ¿Es algo casual?
En absoluto. Diría incluso que resulta imprescindible que no haya sido casual.

  • La J significa Juan Antonio. Mi padre. Un ejemplo de fortaleza y perseverancia hasta su último día. Actualmente, aunque de forma distinta, uno de mis fieles acompañantes en esta travesía. Quizás os preguntéis por qué tanto pino por todas partes en la Web. Y la respuesta es que, los pinos, le representan.
  • La M significa María Araceli. Mi madre. El pepito grillo de la familia. La consejera. La que lo sostiene todo, haciendo que parezca una tarea fácil. Un gran ejemplo de incondicionalidad.
  • La I. Ésta era más fácil de averiguar… Soy yo. Irene. Mi vocación. Las diversas experiencias que he vivido, me han enseñado que siempre se puede seguir hacia delante, que podemos reinventarnos y salir fortalecidos de las dificultades que atravesemos. Pero también me han enseñado que, lo más inteligente que podemos hacer para cuidarnos a nosotros mismos, es afrontar que hay ciertas situaciones que se nos quedan grandes, que se nos escapan y que, para ello, existe un gran abanico de profesionales, con distintos tipos de formación, que dedican su tiempo, su trabajo y su propia experiencia, a ayudarnos a encontrar el camino adecuado.

Me gusta hablar de mí como terapeuta. Pero, sobre todo, como persona. Persona en continua construcción. En continua formación. Con unas incansables ganas de auto-mejorarse para poder brindarle la mejor versión de mi ayuda al otro. Y lamento decir, que me cuesta entenderlo como un acto enteramente generoso, ya que, para mí, es infinitamente gratificante. En definitiva; de todos estos planteamientos, surge la necesidad crear un proyecto en el que todos ellos queden plasmados. Un proyecto que se acerque a los demás. Un proyecto cuyo nombre me enorgullece. Y que, de otro modo, probablemente no hubiera podido llevarse a cabo.

Gracias a mis padres. Y gracias a todo aquel que ha hecho y hace posible este proyecto.
Por supuesto, gracias a todos los que leéis las publicaciones. Espero que este post nos acerque un poco más.

Como siempre, desde el equipo, esperamos poder ofreceros la mejor ayuda posible.

Equipo JMI

#Nadietienemiedo

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