LA TEORÍA DE LOS PRISMAS

19 de mayo 2020

En óptica se estudia el efecto de la luz sobre de las diferentes deformaciones de una lente al igual que sucede con un prisma. Dejadme hacer un símil entre ese prisma y las lentes de unas gafas con las que percibimos el mundo a nuestro alrededor.

Supongo que la gran cuestión es si podemos cambiar de gafas, elegirlas o si, por el contrario, se trata de unas gafas estáticas e inmutables. La respuesta es sí, podemos cambiarlas e incluso elegirlas. Existen infinitas maneras de integrar la realidad. O de construirla y entenderla, me gusta decir a mí. Es curioso, y no sé si es un matiz muy personal, pero a veces, según la canción que suene, construyo mi realidad situacional de una manera o de otra. O al menos la percibo de manera distinta. ¡Fascinante!

Entendiendo un prisma como aquel filtro que nos hace interpretar la realidad de una manera u otra, ¿por qué no cuestionarnos si ese prisma es modificable? Y, me atrevería a decir, ¿por qué no abordar la posibilidad de que ese prisma también esté sujeto a una construcción individual?

En el Hospital de día, cuando tratamos el asunto de la percepción y hablamos de un “filtro” existente en cada uno de nosotros; como si todos estuviéramos expuestos a una misma realidad, que pasa por un filtro y se convierte en aquello que vivenciamos y que condiciona nuestro pensamiento y nuestras emociones. Es fascinante la cantidad de posibilidades que dichos prismas nos sugieren, de mensajes tan aparentemente simples como un “te quiero” o un “gracias”. Que el filtro dependa de cada persona, no significa que una persona no pueda aplicar diversos filtros. Entender este aspecto, posibilita la cabida de un proceso terapéutico en el que el terapeuta acompañe a la persona en la enseñanza y construcción de filtros o prismas, que se encaminen hacia su bienestar.

En la mayoría de los casos, las personas llegan a terapia con unas gafas puestas, normalmente herméticas o con escaso acceso al cambio. Dichas gafas condicionan su manera de interpretar la realidad e incluso su modo de vivir. Nuestra labor como terapeutas sería impulsar el cambio, proporcionar otras posibilidades de gafas, construir algo diferente, siempre en colaboración con la persona que acude a terapia, por supuesto. Al fin y al cabo, se trata de sus gafas y tiene que gustarle el resultado final de las mismas.

Cuando un individuo ha construido una realidad que le genera malestar, que le impide avanzar o, incluso le impide llegar a maximizar sus capacidades, ¿por qué no cambiar de gafas? Yo, personalmente, quiero unas gafas que me permitan valorar todas las posibilidades existentes, dar saltos e interpretar las situaciones de manera que generen en mí, al menos, la capacidad de manejar aquello a lo que me enfrento. Pero, ¿tenemos todos la sensación de poder elegir las gafas que queremos o aquellas que nos conducen hacia el bienestar? Permitidme mi atrevimiento, pero creo que no. Aunque suena fantástica la posibilidad de cambiar de gafas, e incluso fácil, creo que es una labor profundamente compleja y que, en la mayoría de los casos, es necesaria la inclusión de un guía que conduzca y entrene a la persona en ese poder de elección.

Volviendo al concepto de prisma, que es el que elegí acometer, tras ver esta fotografía; y, desde luego, aquella que me llevó a bailar “The dark side of the moon”. ¿Hay alguien que piense que existe una sola realidad para todos? Creo que analizarlo con templanza y coherencia y, desde luego, tras una base de vivencia profesional y personal, quiero y confío en que la respuesta a esta pregunta sea negativa. No, no solo existe una realidad. Es más, la realidad se construye bajo nuestra capacidad de atender a un foco de estímulos, y nuestra libertad de integrarlo como una vivencia u otra. Qué gran poder otorga al ser humano este concepto, ¿no?, y qué gran margen de aprendizaje. Y, con ello, qué responsabilidad e, incluso, ¡qué vértigo!

Dicen que hay muchos tipos de prismas; aquellos que te devuelven el haz de luz, aquellos que lo refractan y aquellos que lo descomponen en sus colores elementales. Y digo yo; sabiendo que es posible desgranar aquello que percibimos en múltiples posibilidades, ¿por qué no poder elegir aquella que nos genera mayor bienestar? Qué gran pregunta. Probablemente la respuesta sea tan ingenua como “porque mi prisma no sabe ver esas cosas” o “porque yo no sé hacer que mi prisma lo vea”.

Llegados a este punto, me atrevo a afirmar que dicho prisma es tan construible como la realidad. Es más, si garantizas forjar un prisma que te permita obtener todos los colores en los que se descompone la luz, es probable que las opciones que tengas de percibir la realidad y, en consecuencia, vivirla y actuar sobre ella, también sean infinitas. Y qué lujo éste, ¿no? No sería capaz de entender la libertad individual de otra manera.

Llegando un punto más lejos, ¿Qué pasa si los prismas de otros influyen en la construcción de nuestros propios prismas? Pink Floyd representaba esta hazaña en forma de un haz de luz (la música) que atravesaba un triángulo y se transformaba en diversos colores (nuestras emociones o actitudes, las distintas formas de vivir la música). Quizás representaba la cantidad de posibilidades que tenemos de percibir la información que nos llega, pensarla, integrarla, comprenderla y sentirla, en consecuencia. Y yo digo hoy, que no se trata de algo “fantástico” o “artificial”, sino de algo accesible al ser humano, elegible y, cuanto menos, alcanzable.

Y volviendo a la temática que nos compete y aceptando que no todos somos capaces de moldear dicho prisma, es humilde asumir que tenemos ciertas limitaciones en el poder de decisión o elección en la compra de gafas mágicas. Pero entonces, ¿por qué no apostar por tener un espacio que potencie esta capacidad de elección? ¿Por qué no tener un acompañante que guíe y ayude a construir, dentro de las distintas opciones, aquellas gafas que te permitan vivir la vida priorizando el color que te lleva a la felicidad?

Bueno, bienvenidos a la psicoterapia. Bienvenidos al lugar donde se esculpen los prismas, se modifican o se reconducen. Bienvenidos al espacio en el que la manera de construir la realidad, percibirla y vivirla es modificable en la dirección del ángulo correcto. Y quede clara una postura, ese prisma no es ajeno a cada uno, es parte de nosotros y, por lo tanto, es una tarea de la que debiéramos responsabilizarnos. Bajo esta responsabilidad, los recursos que elijamos para construir dicho prisma, también dependen de nosotros. ¡Qué gran tarea! ¡Y qué ganas de acometerla!

Equipo JMI

Nadie tiene miedo

 

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