¿PODEMOS SOÑAR?

2 Mayo 2020

En el primer momento en el que observé esta foto, solo podía pensar en que, la imagen, comunicaba muchas cosas, interpretables de muy diversas maneras. Así que os voy a contar todo lo que me transmitió a mí.

A simple vista, observaba un niño leyendo. También un adulto, que me llevaba a la duda de si era él, impulsando al niño a ser adulto, o era el propio niño el que se visualizaba como tal. No pude quitarle ojo al hada, que aun presente en la foto, parecía que se alejaba. Puestos a imaginar, parecía que huía del señor que sale del libro. Su semblante y su seriedad no daban cabida a la existencia de un hada mágica.

Después de aceptar el reto de escribir sobre esta foto, y asumiendo que a cada uno le transmitiría una cosa distinta, comencé a preguntar a conocidos qué les sugería la imagen, recibiendo las siguientes respuestas: aprendizaje, concentración, futuro… Y con la que me quedé: “Soñar” ¿Por qué esta respuesta? Porque sí, porque la compartía. Y desde ahí, comencé a escribir.

¿Con qué sueña el niño? ¿Con qué sueña el hada? ¿Con qué sueña el adulto?

El niño puede soñar con ser adulto, pero también puede soñar con no serlo. Puede crear, puede imaginar, sin siquiera saber que es un talento que se pierde con el tiempo. O por lo menos se olvida. El hada puede soñar con seguir existiendo en la imaginación de cada niño, en que no le olviden cuando crezcan e incluso en permanecer en los sueños de un adulto. Se me ocurre que el adulto puede soñar con soñar como un niño. Con recuperar el talento, con recordarlo, con no perder de vista el hada.

Pero se nos olvida una parte muy importante. ¿Con qué sueña el adolescente? Aprovecho para decir que los adolescentes son mi debilidad. No sé si es por lo mucho que les entiendo o porque he aprendido a lidiar entre ellos y sus familias. No sé si es porque los identifico con mi pasada adolescencia o porque incluso soy capaz a día de hoy de identificarme como adolescente.

La etapa de la adolescencia supone un cambio de etapa en el ciclo vital de cada individuo. Una etapa de la que nadie te previene. Una etapa en la que sueñas con ser mayor, con ser un individuo hecho y derecho y dejar atrás toda la fantasía infantil. Pero también es una etapa en la que pierdes la seguridad que te aporta el mundo mágico, el poder crear tu mundo, el poder trasladarte a él. Es la hora de convertirse en una personita “independiente”. Es la hora de fabricar tu propia autonomía. Hay muchos pacientes que, por suerte, tengo el placer de, no solo atender, sino también convivir en terapia durante horas con ellos, que me han mostrado a ciencia cierta que no han sido capaces de llevar a cabo el proceso de cambiar de una etapa a otra con éxito. Por diversos motivos, que ahora no me pararé a analizar. Pero el resultado es que se encuentran sumergidos entre ese señor con los brazos cruzados y ese hada que se escapa. Atrapados en la necesidad del cariño e incondicionalidad de un vínculo parental y la imperiosa necesidad de no necesitarlo. Sin pararme mucho en esta parte más “técnica”, traducirlo de forma sencilla en que, quedan atrapados entre la búsqueda de sentirse queridos incondicionalmente y la búsqueda de una libertad absoluta, casi impropia de los propios adultos. Ahí aparece el conflicto, la confusión, las conductas tremendamente incoherentes entre el rechazo y la demanda.

No hace mucho, entré en una interesante conversación con una persona cercana, en la que debatíamos acerca de la fortaleza, la resiliencia, lo innato y lo aprendido. Y yo solo podía pensar en los muchos pacientes con los que he compartido y comparto un proceso terapéutico. Un proceso en el que se genera esa incondicionalidad, en el que aprenden a sacar su fuerza interna debilitada, para transformarla, potencialmente fortalecida, en parte de sí mismos. Y no sé si es correcto afirmar que de ese modo se convertiría en algo innato, pero desde luego sí puedo afirmar que se convierte en un funcionamiento completamente distinto a la hora de afrontar el resto de dificultades que tengan que atravesar a lo largo de sus vidas. Simplemente uno aprende a construirse, si sabe elegir el compañero adecuado para ello. Sobra decir que, evidentemente, ésta es una labor de las personas que nos dedicamos a ello, y que no todos los vínculos son lo suficientemente sanos, parciales y adecuadamente potentes como para facilitar esa construcción personal. Recalco la palabra “adecuado”, porque no se trata de cantidad; ni mucho ni poco. Si no de una cualidad intrínseca del propio vínculo.

Dicho esto, creo que he comenzado hablando de sueños y he acabado adentrándome en el fascinante mundo adolescente. Y quien habla de adolescentes, también habla de niños con altas capacidades o de adultos que nunca han llegado a completar su construcción personal. Que nunca se han parado a ver cómo quieren ser. Quiénes son. Dónde está el hada, dónde se encuentra la exigencia del adulto cruzado de brazos y dónde quieren posicionarse ellos mismos.

Cuando crecemos, perdemos la capacidad de abstracción, de ser creativos, de trasladarnos a mundos mágicos. Pero también adquirimos la capacidad de elegir y de responsabilizarnos de lo que hacemos.  Y, aunque muchas veces esto parece estar fuera de nuestro control, porque ponemos nuestros comportamientos en función de lo que hace el otro, sinceramente creo que plantearlo desde esa indefensión, puede resultar frustrante y contraproducente.

Y en este momento, inevitablemente, tengo que incluir una reflexión completamente personal. De Irene, como persona. Aunque estoy convencida de que, haber llegado a ello, me convierte en una mejor terapeuta. En este parón, en este confinamiento, en esta única alternativa de estar con uno mismo, me he dado cuenta de la importancia de saber acompañarse. Dejarse el espacio para “ser”. Aprender a “ser”, sin los demás. Decidir, sin necesidad de un aliciente o la espera de una respuesta deseada. Ser y ser querido eligiendo ser uno mismo. Decidir si quieres que el hada esté más cerca o si, por el contrario, te decantas por el adulto cruzado de brazos. “Parar”, te brinda el tiempo para profundizar en uno mismo y elaborar ciertas situaciones que has dejado pasar. Te fuerza a reflexionar sobre los riesgos que tomas, las consecuencias que tienen, el énfasis que le pones al disfrute o a lo obligatorio. Lograr entenderte, perdonarte, perdonar y elegir. Como no siempre sabemos hacer eso, el espacio terapéutico es, sin duda, un lugar de “parón”. Un espacio propio, en el que un guía te ayuda a elaborar todas estas cuestiones. Pero no solo en el mundo adulto ya que, trabajamos en “qué hacer con la responsabilidad que implica la libertad de poder elegir”. Analizando ese concepto en el mundo infantil y adolescente, cabría preguntarse: ¿Es esa la libertad que imponen a veces los niños con su conducta incomprensible o es la que piden a gritos los adolescentes a través de su rebeldía?

Antes de irse, mi padre me escribió lo que seguro sabía que me haría reflexionar el día en el que me parara:

“(…) Si algo he aprendiendo en esta vida es que lamentarse no tiene remedio. Hay que saber dónde se encuentra uno y luchar por lo que quieres y levantarte una y otra vez, por muchas veces que caigas. Espero que al menos te sirva de lección, aprendas de ello y no cometas el mismo error. No quiero que estés triste. Tu potencial es enorme. Eres tremendamente inteligente. Céntrate y utiliza esa inteligencia en tu beneficio. (…) Jamás te pongas límites y persigue lo máximo en la vida. Tendrás que renunciar a muchas cosas, pero sin duda alguna, muchas otras cosas las reemplazarán. Goza con lo que posees, aunque sea escaso. Solo así conseguirás ser feliz. Sueña si quieres, pero siempre con los pies en el suelo (…)”

No tenía previsto escribir sobre esto, pero gracias a la persona que me retó a escribir sobre esta imagen y a la persona que me respondió lo que le transmitía esta foto, porque supongo que me ha ayudado a elegir hablar de ello. Y es que resulta que mi padre me habló de “Soñar”. 

Así que volviendo a la pregunta que nos atañe… ¿podemos soñar? No sé si todos estaréis de acuerdo. Pero mi conclusión es la siguiente: “Sí, podemos. Podemos soñar”. Es más, me atrevería a decir, “soñemos”. 

Equipo JMI

#Nadietienemiedo

BAILEMOS

26 abril 2020

Os lo voy a confesar; cuando vi esta foto lo primero que pensé es en las ganas que tengo de bailar con mi familia, especialmente con mis sobrinos, mis amigas… incluso, de bailar por la calle sin rumbo fijo. Sí, a veces lo hago. Después pensé; Irene, céntrate, es un blog de psicoterapia. Y automáticamente resonó en mi cabeza el nombre de Carl Whitaker, un terapeuta que tenía un potencial innato para el baile terapéutico.

No quiero centrarme demasiado en tecnicismos, pero sí recomendaros su libro “Danzando con la familia”, especialmente dirigido a profesionales de salud mental. Como considero que cada uno tiene su forma de trabajar, no voy a dedicar el post a hablar de su libro o de su manera de entender la terapia y los pacientes. Prefiero seguir contándoos cómo se trabaja en JMI, aunque eso siempre suponga hacer referencia a distintas escuelas, corrientes y personajes fundamentales en la historia de la psicología. De otro modo, es imposible construirse como terapeuta.

Dicho esto; cada terapeuta es un mundo, un conjunto de experiencias vitales, de aprendizaje, de funcionamientos, de relaciones, de sentimientos… y un largo etc. Es casi imposible que dos personas bailen exactamente igual. De la misma manera que es casi imposible que dos personas lleven a cabo la misma terapia. Pero, ¿y si además añadimos una segunda variable?
Otra persona, con su conjunto de experiencias, creencias, relaciones y el mismo largo etc. Se convertiría en algo imposible que ambos bailaran exactamente igual que otras dos personas. Sería imposible, incluso, que cada uno bailara a su forma, sin tener en cuenta cómo baila la persona que tiene enfrente. Y si extrapolamos la metáfora del baile a la terapia… Sí, la terapia podría asemejarse a un baile. Un baile entre el terapeuta y el paciente; o complicándolo más, un baile entre el terapeuta y cada miembro de la familia.

¿Qué bonito esto, no os parece? No hay dos terapias iguales, aunque el terapeuta sea el mismo y los pacientes presenten las mismas dificultades. No hay dos terapias iguales, aunque el paciente acuda a terapia con la misma problemática. La interacción, el baile, el crecimiento de la relación, es único, y depende de ambas partes. Esto puede generarnos cierta confusión o incertidumbre ya que, parece ser una necesidad intrínseca del ser humano “saber qué va a pasar”. Pero en este caso, sí hay una parte que controlamos. La confianza en la pareja de baile, en el terapeuta. Y también sabemos de antemano el objetivo final: que la coreografía salga bien, que el paciente logre mejorar y alcanzar el bienestar. Bajo esta premisa, todas las herramientas empleadas estarán a disposición de ambos. El terapeuta trabajará duro para compartirlas con el paciente y lograr los propósitos conjuntamente acordados. Pero este trabajo no tendría ningún valor sin el compromiso de la otra parte; sería como si un miembro de la pareja dejara solo bailando al otro. Por ello, no me cansaré de recalcar la importancia de confiar en el terapeuta como guía, como compañero de trabajo, como herramienta hacia el crecimiento, sin perder de vista, jamás, el objetivo final y desde el principio compartido.

En definitiva, la terapia es un baile entre el paciente y el terapeuta. Ambos bailan, ambos trabajan. Ambos ponen el ritmo y deciden las pausas. Definen la cercanía o lejanía que resulta más eficaz. Ambos, perfeccionan la coreografía.

En el inicio de la Web os propongo: “Construyamos”. Ahora matizo “Construyamos bailando”

Equipo JMI
#Nadie tiene miedo

JMI Y LA MÚSICA

 

15 de abril 2020

LA MÚSICA COMO MEDIO DE COMUNICACIÓN

Tanto la música, como el resto formas artísticas, suponen un medio de expresión emocional, una manera de conectar con uno mismo y con los demás. Un mecanismo de transmisión e interacción interpersonal. Todas estas cualidades,convierten el arte en un recurso terapéutico necesario y, en muchas ocasiones,imprescindible para potenciar de forma eficaz los objetivos terapéuticos. Por ello, desde JMI promovemos el arte en todas sus modalidades.

Más adelante, se publicarán nuevos post profundizando en los beneficios del uso del arte en la terapia individual, como medio de vinculación y expresión emocional. También en la intervención infantil, como recurso para tratar dificultades relacionadas con la atención, los problemas de conducta o la potenciación de la creatividad. En la terapia con adolescentes, como vehículo de expresión emocional, mejora del auto-concepto e incluso como recurso para involucrarse en un proyecto personal, que sea fuente de motivación al cambio. Cabe destacar, la eficacia de su uso en terapias grupales para todas las edades, ya que potencia el trabajo en habilidades sociales y fomenta la conexión, convivencia, interrelación e impulso de fortalezas individuales.

En resumen, dado que el arte es un medio a través del cual nos comunicamos, desde JMI queríamos acercarnos a vosotros de una manera diferente y presentar nuestro proyecto a través de la música.

Desde el equipo, agradecerle que esto se pueda llevar a cabo a Alberto, artista y colaborador con el proyecto. ¡Esperemos que participes con nosotros en futuras propuestas de trabajo!

Equipo JMI

#Nadietienemiedo

 

EL CUENTO DEL REINO Y EL DRAGÓN

14 de Abril 2020

En esta publicación quería compartir un cuento que me ha gustado mucho y que espero que sea fruto de aprendizaje y de puesta en común entre todos. Al final de la lectura, realizo un breve comentario al respecto, pero resultaría muy provechoso que os animarais a exponer qué os ha llegado a cada uno de vosotros.

 

EL CUENTO DEL REINO Y EL DRAGÓN

Ricky Greenwald

Había una vez un pequeño reino del tamaño de una ciudad pequeña. Era un sitio bastante normal: los mayores iban a trabajar, los niños iban al colegio. Unos iban a la iglesia los domingos y otros no. A algunos les gustaba quedar con sus amigos para pasar juntos el fin de semana y compartir juegos, comidas o excursiones; mientras que otros preferían estar solos, tranquilos, en sus casas… Y así es como eran las cosas hasta que un día….

Vino el dragón. Y los dragones no se instalan tranquilamente en una casa en medio del reino, no, los dragones suelen esconderse en lugares oscuros. Y además los dragones suelen estar siempre hambrientos. Así que un día, el dragón se comió una vaca que estaba pastando en el prado de un granjero. Otro día, el dragón se comió a un perro que estaba justo delante de la puerta de la casa de su dueño. La gente empezó a estar cada vez más asustada. Los padres dijeron a sus hijos que les quedaba terminantemente prohibido salir a jugar fuera. El problema es que los niños no son muy buenos cumpliendo eso de no poder salir a jugar fuera y entonces los padres tuvieron que quedarse en casa para vigilar que los niños no salieran, para protegerles y mantenerles a salvo del dragón. Incluso la gente que no tenía niños tenía miedo de salir a la calle.

Pronto ocurrió que ningún niño pudo volver al cole y que muchos padres tuvieron que dejar de ir a trabajar también. Todo el mundo estaba tan asustado por culpa del dragón que la mayoría permanecía todo el día encerrada en sus casas. Y todo el mundo empezó a preguntarse: ¿Pero cómo es posible que nuestro reino tan maravilloso pueda tener un dragón? Los otros reinos no tienen ninguno. No sabían cómo explicarse esto pero como querían tener alguna explicación pues empezaron a dar algunas razones. Un grupo de gente empezó a echarle la culpa a otro grupo y ese otro grupo les echaba la culpa a otros, y así, todo el mundo empezó a culpar a todo el mundo y todos estaban medio enfadados entre sí.

No pasó mucho tiempo antes de que todo esto se fuera conociendo entre los otros reinos y que el pequeño reino donde estaba el dragón comenzase a tener muy mala fama. La gente no sabía realmente lo que estaba pasando con el dragón pero veían que en aquel pequeño reino todo era un lío enorme, que los niños no iban al cole, que la gente no iba a trabajar y que allí todo el mundo estaba enfadado con todo el mundo y nadie salía de sus casas, que nada funcionaba y todo allí era un enorme lío.

Y así es como eran las cosas hasta que un día…. Un caballero con una brillante armadura pasó por allí. Bueno, realmente no era un caballero ni llevaba una brillante armadura. En realidad era un chaval normal que pasaba por allí pero la gente del reino vio algo en él. -“Tú”, dijeron, “Tú puedes vencer al dragón, tú eres justo el que puede hacerlo” El chaval dijo: – “No, lo siento pero yo no soy ningún caza dragones. Os habéis equivocado de persona. Pero a lo mejor podéis ayudarme. He hecho un largo camino hasta aquí. Vengo buscando a una princesa de la que estoy enamorado pero no sé en qué reino vive”. Sacó una foto y se la enseñó a todo el mundo. “¿Habéis visto a esta princesa? ¿Sabéis dónde puedo encontrarla?” La gente dijo: -”Sí, es nuestra princesa. Vive aquí, en este reino. Y fíjate qué coincidencia, ella quiere casarse… ¡con quien consiga derrotar al dragón!

Cuando el chaval oyó esto dijo: -“Bien, en tal caso, soy vuestro hombre. ¡Llevadme hasta vuestro dragón!”. Entonces ellos le llevaron hasta la entrada de la cueva oscura donde dormía el dragón. El chico vio al dragón y dijo: -“¡Guau, esto realmente no es una buena idea! Yo no puedo contra este dragón. No hay manera. ¡Es gigantesco! Y parece muy, muy fuerte, todo cubierto de escamas y escupiendo fuego. Olvidémonos de todo el asunto”. La gente le dijo: -“No, tú puedes hacerlo. ¡Sabemos que tú puedes! Puedes entrenarte, practicar, hacerte más fuerte. Nosotros te ayudaremos. Te conseguiremos un entrenador personal. Además, ¡no olvides a la princesa!” El chico dijo: -”Oh, sí, la princesa” Estaba de verdad enamorado de la princesa y quería más que nada en el mundo casarse con ella. “De acuerdo, no sé nada de eso que me habláis de entrenador personal pero le daré una oportunidad y veremos si funciona”.

Así que le proporcionaron un entrenador personal y éste le llevó directamente al patio del colegio para comenzar los ejercicios. ¡Pero no podía concentrarse! Cada vez que empezaba con algún nuevo ejercicio, tenía que pararse de repente y mirar con atención a su alrededor. Tenía miedo de que el dragón pudiera pillarle mientras él estaba ahí fuera, totalmente expuesto. Así, no conseguía hacer ningún progreso. Todo aquello claramente no estaba funcionando.

Entonces le llevaron a un claro del bosque donde había grandes árboles por un lado. Y juntos, comenzaron a trabajar para construir una valla alrededor del resto de aquel claro. Todo el mundo participó: cortando leña, acarreándola, martillando y asegurando bien la valla, ¡incluso cocinando para todos…! Hasta los niños pequeños contribuyeron repartiendo agua a todo el mundo, llevando y trayendo mensajes o haciendo cualquier cosa que se les pedía y podían hacer. No pasó mucho tiempo hasta que tuvieron construida una fuerte, ancha y alta vaya alrededor del resto del claro.

Así, el chaval pudo por fin concentrarse en su entrenamiento. Y el trabajo empezó a ir muy bien. Era costoso pero mucho mejor después de todo. Cada día trabajaba duro con su entrenador personal: hacían abdominales, pesas, flexiones, corrían y un montón de ejercicios más. Cada día, el entrenador añadía algún kilo más a las pesas y alguna dificultad nueva a los ejercicios, por lo que nuestro héroe iba haciéndose poco a poco, más y más fuerte, un poco más rápido, un poco más ágil. Después de un tiempo, su aspecto era francamente impresionante. Ese fue el momento en que escogieron a dos de los chavales más fuertes y atléticos de la comarca para que, disfrazados de dragón, hicieran su papel enfrentándose al chaval para que éste pudiera practicar todos los ejercicios ensayados. Al fin llegó el gran día: el chico estaba preparado. Fue hasta el oscuro lugar donde se escondía el dragón. Se le encaró, luchó contra él y le venció.

Se casó con la princesa pero las cosas no volvieron a ser en aquel reino, como antes de que apareciera el dragón. Por una razón: ahora tenían un héroe entre ellos. La gente de otros reinos decía: -“Ahora en ese reino tienen un caza-dragones. Cuánto desearíamos nosotros tener uno” Así que, todo el mundo en el reino empezó a sentirse muy orgulloso y a presumir, caminando así como si fueran un poco más altos. Todos sabían que habían participado en aquella hazaña y se consideraban parte de ella.

Aún así, continuaban preguntándose unos a otros: -“¿Cómo es que pudo aparecer un dragón en nuestro reino? Otros reinos no tienen ni han tenido dragones. ¿Qué pasará si viene otro?” No estaban muy seguros de la respuesta y deseaban conocerla, así que, consultaron a un sabio. El sabio miró por todas partes y entrevistó a todo el mundo. Terminado su trabajó congregó a todo el mundo para exponerles sus conclusiones. -“Tenéis dos problemas aquí”, les dijo. “El primero es que tiráis toda vuestra basura en el vertedero y toda esa gran cantidad de basura ahí acumulada huele fatal y atrae a los dragones”

Entonces se decidió que cada familia apilaría su basura en sus patios traseros de manera que al no haber un único gran montón, no olería tanto y no atraería a los dragones. Además, una vez descompuesta esa basura, sería reutilizada como abono para los jardines. Entonces el sabio habló de nuevo: -“Y aquí va vuestro segundo problema: en la zona del reino donde están las grandes granjas, hay gran cantidad de prados sólo con hierba y pequeños matorrales. ¡Es todo llano durante kilómetros y kilómetros! Es de todo el mundo conocido que los dragones son muy vagos y claro ¡resulta tan fácil para un dragón atravesar estos lugares! Todos empezaron a pensar en diferentes soluciones y llegaron a una sabia conclusión: plantarían manzanos en aquellas tierras. No sería realmente imposible para un dragón atravesarlas a pesar de todo pero sí le supondrían bastantes dificultades aquellos arboles de denso ramaje. Al menos, no se lo iban a poner tan fácil nunca más.

Bien, no pasó mucho tiempo antes de que se encontraran con que tenían tantas manzanas en aquel reino que no sabían qué hacer con ellas. Así que cada año, durante el otoño, organizaban un festival, El Festival de La Manzana. Éste se convirtió en un evento importante para todo el mundo y venían participantes de todos los reinos de un montón de kilómetros a la redonda. Había participantes para diferentes concursos: el de la manzana más sabrosa, el de la manzana más grande, el del mejor pastel…Las celebraciones incluían comida, juegos, música y todo lo que un festival que se precie debe tener.

El acontecimiento estrella del festival (o sea, ese al que todo el mundo quería acudir) era La Contienda para Matar al Dragón. Por supuesto, no se trataba de un auténtico dragón sino que era el vencedor del año anterior el que figuraba como dragón. Durante todo el año, los jóvenes de todos los reinos vecinos, practicaban y se entrenaban esperando ser el próximo vencedor de la contienda en el gran festival. Y esto no era bueno sólo porque les divertía un montón sino porque, si por alguna razón, algún día algún dragón se atreviera a aparecer por allí, todo el mundo estaría preparado, y ¡eso sí que era bueno!

Y todos vivieron felices después de todo (más o menos)

FIN

Considero que los cuentos son un gran ejemplo de recurso mediante el cual podemos acceder a las personas de una manera distinta, quizás indirecta. De cómo este recurso implica, necesariamente, que sea el propio individuo el que lleve a cabo la labor de identificarse, elaborar el contenido y, en consecuencia, sentir y plantearse lo que considere oportuno.

Por este motivo, lejos de exponer en este momento, la interpretación personal que le doy yo a este relato, invito a todos los lectores a que hagan ese trabajo de forma individual.

Sí quería compartir algunas ideas al aire de lo que a mí me sugiere el texto, por si facilita esta labor: “crisis”, “incapacidad de respuesta”, “resolución de problemas poniendo la responsabilidad en el otro”, “foco de esperanza”, “motivación para la actuación”, “unión como parte del éxito”, “búsqueda de alternativas”, “búsqueda de soluciones no solo a la situación puntual, si no a la consecución de una mejora a largo plazo”, “anticipación”, “potenciación de recursos” y lo que no me cansaré de mencionar en cada uno de mis post, “necesidad de cambio y actitud frente al mismo”.

De nuevo, espero que esta publicación pueda ayudaros a todos, desde una parcela más individual, extrapolándolo a parcelas más pequeñas y cercanas, para llegar finalmente a una más global; aquella que nos incluye a todos como parte de un sistema. Como sociedad.

Equipo JMI

 #Nadietienemiedo

DESCUENTO DE HASTA UN 60% EN LAS SESIONES

13 de Abril 2020

SITUACIONES EXTRAORDINARIAS IMPLICAN RESPUESTAS EXTRAORDINARIAS

No era posible iniciar este blog sin tener en cuenta la situación que estamos viviendo todos. A nivel personal, familiar, social, laboral, económico… En definitiva, a todos los niveles. Se trata de una situación que demanda a gritos la palabra ¡ayuda!, pero también genera la respuesta automática de “aquí estoy, de la manera que sea, para lo que sea”. Como amigo, como hijo, como padre, como profesional, como persona, como miembro de un grupo, como parte de un sistema.

Como profesionales de la salud mental, creo que siempre tenemos una labor muy importante en el acompañamiento y la ayuda a las personas. Y si partimos de la base de que nos encontramos, como población, en una situación cuanto menos crítica, a todos los niveles; automáticamente, la importancia de nuestra labor, se multiplica. De todo este conjunto de planteamientos, surge la decisión de poner nuestro conocimiento y nuestro trabajo al acceso de todos, atraviesen la situación que atraviesen, a lo largo del periodo que estamos viviendo, el cual resulta infinitamente complejo en todos los sentidos.

Trabajar en salud mental es una labor complicada, a la par que tremendamente vocacional y satisfactoria, en la gran mayoría de los casos. Valorar este aspecto y no escatimar en apostar por afrontar cada situación de la mejor manera posible y luchar por encontrar el equilibrio y el bienestar mental, lo considero una decisión fundamental y necesaria.

En este post no quiero adentrarme en la gran cantidad de posibilidades que nos da una oportunidad como la que está aconteciendo. No voy a ahondar en los numerosos significados de la palabra “cambio” y la importancia que tiene el significado que escojamos, en la vivencia que tengamos cada uno de la situación. De ésta y de todas. De lo que nos contemos a nosotros mismos y a los demás. En próximas publicaciones, profundizaremos más en todo ello.

Sí me gustaría aprovechar este momento para aclarar un aspecto que considero muy importante. Y es que, dentro de las posibilidades que podemos ofrecer los profesionales de la salud mental, es fundamental diferenciar entre la labor de “contención” y la labor de “intervención”. Para ser más concretos, en este momento lo que se está ofreciendo desde nuestro campo, a nivel social, y en el que por supuesto, también participamos, es un trabajo de contención y apoyo a familias, sanitarios y personas que se encuentran en situaciones puntuales de crisis que no son capaces de manejar. Este método de trabajo comparte los objetivos de apoyo y acompañamiento, además de ser la manera en la que nosotros, como parte de la población que está viviendo esta situación crítica, nos brindamos a poner nuestro granito de arena, al igual que personas de otros sectores, para paliar lo máximo posible su impacto en todos los niveles.

La segunda labor, a la que llamamos “intervención”, como tal, implica un proceso terapéutico a un nivel más profundo. ¿Qué diferencia supone esto? La de iniciar un camino en el que terapeuta y paciente trabajarán juntos, bajo un objetivo común, compartido por ambos, que implica necesariamente un tratamiento más prolongado en el tiempo. Puede tratarse de una intervención más ligada a la prevención de posibles consecuencias asociadas a todo aquello que estamos viviendo actualmente, en algunos casos, y en otros, a la puesta en marcha de un recorrido en el que prime el aprendizaje y la búsqueda de un cambio a un nivel estructural; es decir, al cumplimiento de una serie de objetivos que lleven, tanto a niños, adolescentes y adultos, como a la propia familia en su conjunto, a una mejora de su equilibrio mental, su manejo emocional, sus estrategias de afrontamiento y, en definitiva, su manera de construirse y entender la vida.

De esta primera publicación solo espero que quede claro que estamos aquí, que estamos para dar todo de nosotros mismos y que estamos aquí para seguir hacia delante. Siempre. La decisión de iniciar ese proceso no es nuestra, pero desde luego sí lo es, ser la herramienta que lo haga realidad.

Mucho ánimo y fuerza para todos.

Equipo JMI

#Nadietienemiedo

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